Educación

«Las escuelas no son simples escuelas, son centros de apostolados»

Madre Albertina Ramírez

 La escuela, en virtud de su misión, desarrolla la capacidad del recto juicio, promueve el sentido de los valores, prepara a la vida profesional y nos enseña el camino para una vida de santidad. Por eso, siguiendo el ejemplo de Nuestra Madre Fundadora, educamos y evangelizamos, haciendo de las escuelas centros de apostolados.

Para las Siervas Misioneras de Cristo Rey, nuestras escuelas dan un giro no por hacer diferencia con las propuestas educativas establecidas, sino para irradiar el espíritu misionero en la educación. Inspiradas en el Espíritu Santo y la Divina Providencia trabajamos por la salvación de las almas, entendiendo que no solamente se educa para adquirir sabiduría humana, sino también moral y espiritual, es decir, formar otros Cristos.

El contexto histórico de Nicaragua en los años 40, presentaba una educación religiosa dirigida por congregaciones extranjeras a un grupo selecto de clase social alta. Madre Albertina, siendo apenas una joven capitalina y guiada por el Santo Espíritu, vislumbra como una necesidad prioritaria en la extensión del Reino de Cristo y la dignificación de la persona, la formación integral en la identidad cristiana y científica.

El celo por la salvación de las almas para Nuestra Madre, significa formar a Cristo en todo el ser de la persona, en su vida personal, en sus familias y en su forma de actuar, sobre todo en aquellos más desprotegidos en la sociedad. 

Esto la lleva a fundar en los barrios marginados de Managua, las primeras escuelas parroquiales, marcando así un hito importante en la historia educativa nicaragüense. Estos centros eran acompañados por fundación de capillas provisionales, pues eran concebidos como centros de apostolados para la evangelización. Nacen con el fin de promover las habilidades de la persona humana, la formación cristiana, el acompañamiento espiritual y el conocimiento científico; en educar desde la pedagogía de amor para conducir a la persona con disciplina, ternura y respeto por su dignidad, a un proceso de conversión y de cercanía a Dios Padre y superación en su calidad de vida.    Para Madre Albertina, nuestros centros educativos, son centros de apostolado que nos permiten evangelizar a tiempo y a destiempo. Ella siempre dijo que lo verdaderamente esencial es “que Cristo quede formado en las almas” y que “las obras de apostolado no deben de detenerse por falta de remuneración”. Es por ello que nuestras escuelas están impregnadas y funcionan bajo la confianza en la Divina Providencia que nos permite continuar con la misión evangelizadora. La fuerza de la Misionera debe fundarse por tanto en el poder de Dios.

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