Auxiliares del clero

“Debemos tener una fidelidad incondicional a la Santa Iglesia.”
Madre Albertina Ramírez

Participamos en la misión de la Iglesia en comunión con los obispos y en colaboración con los párrocos en los distintos lugares de la Provincia Eclesiástica de Nicaragua. 

Acción católica

La obra de la Sierva de Dios Madre Albertina fue inspirada en la Acción Católica que fue de gran ayuda para la jerarquía de la Iglesia, frente al surgimiento del laicismo con lo que sacaban provecho las corrientes protestantes. Esta situación fortaleció la espiritualidad de la Sierva para extender el reino de Dios y velar por la salvación de las almas. Sus lecturas bíblicas rumiadas como decía ella: Hay que rumiar la palabra de Dios, fueron las que un día, en el fondo de su corazón, de su ser, Nuestra Madre rumió y ya no pudo quedarse tranquila hasta que un día las hizo realidad.

Apasionada por extender el Reino la asumió el reto de llegar a los barrios marginados, fundar escuelas en esos barrios, ir donde no habían iglesias, que eran muy pocas en ese tiempo. Visitar las comarcas, ir al campo, como San Francisco del Carnicero, Tipitapa, El Carmen, Los Brasiles y las comarcas más alejadas de Managua. Realizó misiones populares iniciando con las visitas casa por casa, la fundación de escuelas gratuitas, donde durante la semana se impartían clases y los fines de semana funcionaban como Centros de Apostolados. El domingo se organizaba toda la celebración Eucarística. Los días sábados además de la catequesis, se alfabetizaba y se daba clases de manualidades a los mayores. Al terminar la misión daba su informe de lo que se había hecho y como se había desarrollado el trabajo Misionero, así como los frutos obtenidos. 

Madre Albertina estaba siempre pendiente que no faltara lo necesario para la Santa Misa que se debía de atender con el mayor decoro, respeto y amor que fuera posible. Para eso tenía una valijita que le llamaba la valijita Misionera; una vez que tenían a la gente preparada entonces se buscaba al sacerdote y se le llevaba para la administración de los Sacramentos a las personas que se habían formado bajo el cuidado de nuestras hermanas.

Toda esta actividad apostólica se desarrollaba con el debido permiso de los obispos. Nuestra Madre se distinguió por su fiel obediencia a las autoridades de la Iglesia, pues ella siempre se sintió Hija de la Iglesia y así lo decía, “quiero vivir y morir como Hija de la Iglesia”. Desde niña tuvo un amor especialísimo por la Eucaristía, por eso estuvo pendiente que donde se hiciera visita, no faltara la celebración de su Rey en la Eucaristía.

En su misión apostólica, tenía además una sensibilidad especial por los pobres y marginados, alejados de Dios, por los moribundos, agonizantes. Siempre nos decía: “Hermanas, no dejaremos que alguien muera sin los últimos auxilios”, es decir, sin los sacramentos. Ella mucho oraba por los agonizantes y repetía su jaculatoria: “Corazón agonizante de Jesús, ten misericordia de los moribundos”. 

A ella se le ocurría de todo para buscar almas para el reino. Realizaba retiros de semana santa para todas las jóvenes y mayores. Las misiones, donde no faltaban las visitas de hogares para pescar a toda persona que no había recibido los sacramentos y dejar impresa la imagen de Cristo en toda persona con la que se conversaba. Las escuelas parroquiales que debían ser centros de apostolado y siempre, según el ejemplo de Cristo. Su espiritualidad eucarística y su insondable amor y devoción a la Santísima Madre de Dios bajo la advocación del Sagrado Corazón de María, era su santo y seña. (sello)

A Madre Albertina Dios le regaló el carisma fundacional, el Espíritu que le animó es un espíritu de misionera, de servicio eclesial, una espiritualidad eucarística, mariana vivida con decisión, con entrega fiel al Señor y a su Iglesia, para extender su Reino en el mundo. Que con nuestro apostolado todos conozcan y amen a Dios, ya que su Reino es un Reino de amor, verdad, justicia y paz, y de esta forma reine Jesús por siempre en todos los corazones. Por eso “trabajaremos con gran fe, en realizar y ver cumplida la gran promesa: Reinaré”.

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